En progreso
Lección 1 de 0
En progreso

2.4 Placer

AprofaEduca Enero 27, 2022

Como ya hemos revisado a lo largo de este curso, la sexualidad involucra diversas temáticas y aproximaciones. Es necesario pensar y pensarse como seres integrales, y vivenciar todos los aspectos relacionados con la sexualidad. En este sentido, así como es necesario incorporar la perspectiva de género en nuestras prácticas, reflexiones e intervenciones; fortalecer la perspectiva de derechos, para asegurarnos que todas y todos desarrollen sus vidas de manera plena y justa, es importante también incorporar la perspectiva de placer.

El placer puede ser definido de muchas formas, entre ellas, como una sensación agradable, positiva, que genera un sentimiento de goce y satisfacción. El placer es transversal en nuestra vida, ya que puede ser experimentado a lo largo de esta de múltiples formas, a través de distintos estímulos, experiencias, vivencias y situaciones. A pesar de ser una característica natural de los seres humanos en todas las etapas del desarrollo, este comúnmente se suele encasillar solo asociado al sexo, entendiendo este como la relación genital entre dos personas.

¿Por qué es necesario incorporar la perspectiva de placer en nuestras prácticas?

El placer, a pesar de ser una experiencia que puede ser vivida por todas y todos, está mediada por factores culturales y sociales que adormecen las posibilidades y capacidades de sentir placer de manera libre y natural. Al ser asociado únicamente a las prácticas sexuales heteronormadas, poco a poco fue relegándose a los espacios más íntimos, al punto de establecerse una incapacidad de hablar de placer, y en definitiva desaparecer de la esfera pública, al ser considerado un tema demasiado burdo y poco correcto. En este sentido, desde temprana edad, nos socializamos en una tendencia a relacionar placer y vergüenza, matizado con tintes de culpa que nos alejan del estado más natural de vivenciar el placer de manera libre y genuina.

Así como en toda nuestra conformación social, vemos como el género y la heteronorma han atravesado las conductas, el placer no queda ajeno, ya que las mujeres han sido afectadas directamente por una privación o castigo asociado al placer. En este sentido, no solo se les ha juzgado históricamente a las mujeres que se han relacionado con el placer, sino que se ha generado toda una trayectoria de condicionamientos y problemáticas al momento de disfrutar. Como mencionamos, no únicamente a la hora de experimentar el placer sexual, sino que también las cargas han afectado en la forma como nos relacionamos con el placer en la comida, mediante los estereotipos sobre la mujer perfecta, el ocio, el autocuidado, y un largo etcétera.

Incorporar la perspectiva de placer en nuestras prácticas, nos permite abrir un mundo de posibilidades en relación a una sana y plena experiencia de nuestra vida. Visibilizar el placer como una oportunidad y una posibilidad, nos educa en la formación de relaciones sanas y libres de violencia; nos da herramientas para ejercer con determinación nuestros derechos sexuales y reproductivos; nos faculta para vivenciar una sexualidad plena y placentera. Al tener conciencia del placer, nos protegemos de situaciones de riesgo y peligro.

La relación con el placer tiene dificultades para todas las personas; para los hombres ha sido más visibilizado a través de creencias y prácticas patriarcales que ponen el placer de ellos como protagonista de las relaciones y ha forzado a millones de mujeres a satisfacer esas ideas sacrificando su propio placer. A pesar de esto, el placer en los hombres es vivido de manera incompleta, ya que esas mismas creencias, conductas y prácticas patriarcales y heteronormadas les han privado de experimentar el placer de forma libre y natural al priorizar una visión falocéntrica. “Esa centralidad en el pene, lleva a ignorar otras zonas del cuerpo, las que no son indagadas. El cuerpo masculino se va convirtiendo en un conjunto de rincones invisibles, a los que se les desconoce y sobre todo no se les reconoce la capacidad de generar placer” (Duarte, 2006).